EDITORIAL


Estamos cerrando este segundo número de Inventario al mismo tiempo en que el Coronavirus despliega su potencia en nuestro país. Contamos con un gobierno que, con firmeza y a la vez con templanza, nos convoca a poner la vida humana por encima de cualquier otra opción y, contamos también, con cientos de jóvenes militantes que le están poniendo el cuerpo a las acciones de asistencia en el territorio.

Originalmente este número fue pensado como un modo de explicitar, a cuatro meses de la asunción de un nuevo gobierno de signo contrario al neoliberalismo salvaje de los últimos cuatro años, los desafíos que se le presentaban a la formación docent

e en términos de prácticas y/o políticas. ¡Y vaya si la pandemia mundial le agregó complejidad a los desafíos de la impostergable reconstrucción material y simbólica de la educación y de la Patria!


La mayoría de las notas, videos y reseñas, fueron escritos antes de que la pandemia se instalara; expresan las expectativas de profesores y estudiantes de los institutos en relación a identificar núcleos del trabajo de formación que, a su juicio, deberían ser revisitados para su transformación o profundización: el acompañamiento pedagógico, la investigación, el diálogo intergeneracional, la organización estudiantil, la reconsideración del sentido de la inclusión, la producción colaborativa de saberes y hasta la construcción de horizontes educativos, fueron –y siguen siendo– ejes imprescindibles para conmover las políticas de formación docente poniendo en valor la praxis de los sujetos que construyen cotidianamente dicha formación.


Debatimos qué hacer, qué revista publicar en este tiempo tan particular; no queríamos hacer como que no pasa nada y abonar a quienes confunden continuidad con simulación pedagógica, pero tampoco hundirnos obsesivamente en un presente perpetuo que puede resultar asfixiante. A sabiendas que todo tiempo es finito elegimos transitarlo dando cuenta de nuestras inquietudes y diálogos educativos cotidianos y a la vez alargando el debate hacia los requerimientos del día después.

Por eso decidimos presentar los trabajos ya escritos en su versión original, teniendo en cuenta las inquietudes que los motivaron en su momento y porque creemos que constituyen un aporte a la reflexión sobre la educación que queremos para el futuro, incluso el que se reconfigurará a partir de la pandemia. A la vez modificamos el contenido de la entrevista con Alejandra Birgin, actual Directora de Educación Superior de la Provincia de Buenos Aires, redirigiéndola hacia los temas educativos que nos apremian en los que la pandemia nos obliga a “enseñar con distancia”. Y finalmente abrimos un espacio dinámico y de actualización semanal para la difusión de algunas de las decenas de reflexiones, experiencias, diálogos que surcan nuestras redes y la de tantos y tantas educadorxs.

Y permítanme una licencia autorreferencial como cierre de este editorial. Por motivos estrictamente familiares yo casi no salgo de mi casa salvo para hacer compras no más allá de un par de cuadras. Estoy aquí trabajando virtualmente en mi materia de la universidad y tratando de aprender, como la gran mayoría, qué es esto de enseñar sin tener a mano esa escena escolar y/o de aula universitaria que se nos ha hecho parte de nuestros rituales diarios, esa forma de organizar nuestro trabajo docente que hemos forjado en tantos años de experiencia. Todo es raro, incómodo, áspero. Muchas veces no nos entendemos incluso con el mismo equipo con el que hasta ayer la llevábamos de taquito. La escuela de la pandemia es otra escuela, la comunidad educativa tiene otras necesidades, el derecho a la educación se ejerce distinto, enseñar qué, por qué, para qué, cómo, a favor de quién, en contra de quién (obviamente robado al maestro Paulo). No sé a ustedes, pero a mí me pasa que, enfrascada en los medios y los recursos, a veces pierdo de vista lo central: la pregunta por el sentido de este, mi trabajo educativo. Por suerte las hadas de las redes acuden a mí y me encuentro con algo que escribió la querida Fernanda Saforcada en su muro de FaceBook: “la escuela no está en la computadora ni en la plataforma virtual que usemos. Tampoco en el edificio que nos pedían dibujar de pequeñxs (o al menos no en el edificio en sí mismo). Está en los lazos que construimos, en los procesos que nos proponemos desarrollar y en la posibilidad de conformar lógicas colectivas aún en –y a pesar de– el aislamiento social preventivo y obligatorio”.

Vamos por ahí, y ojalá Inventario 2 nos sirva para seguir haciendo escuela.


Silvia Andrea Vázquez


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REVISTA INVENTARIO

Proyecto de Extensión Formación y trabajo docente - Seminario en movimiento (UNLU)